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No hay nada comparable a contemplar el arte original en persona.

Recuerdo la primera vez que visité la Galería Nacional de Arte en Washington D. C. y vi por primera vez en persona el Retrato de Bindo Altoviti de Rafael. Pensaba que las clases en la universidad y las distintas publicaciones sobre arte me aportarían un conocimiento bastante bueno del trabajo del artista. En cierto sentido, así fue. Pero el impacto emocional de verlo en persona fue sorprendente y profundo. Las imágenes que había visto en el aula del trabajo de Rafael ni se acercaban a capturar el asombroso impacto de un original.

Mi experiencia no es rara: cualquiera que acuda con frecuencia a ver arte en persona, ya sea en un museo, en una galería o en una feria, puede contar una historia similar. Por desgracia, la única alternativa para admirar las colecciones de los museos durante la pandemia actual ha sido hacerlo on line. Aunque algunas instituciones han hecho un fantástico trabajo creando copias virtuales perfectas de sus colecciones, la pantalla no tiene nada que ver con detenerse frente a una gran obra de arte y dejarse absorber por la infinidad de emociones que despierta.

Colmada de dificultades

Cuando la vida pública se detuvo bruscamente con el COVID-19, entre los problemas más inmediatos y acuciantes para los directores de los museos se encontraban garantizar la salud y la seguridad de los empleados, problemas financieros y de continuidad del negocio, y la protección de las obras y objetos artísticos (ya escribimos sobre este último reto en «Cómo proteger la colección durante el cierre de museos o galerías» a finales de abril).

Ahora vuelve a renacer la vida fuera del hogar lenta y paulatinamente, pero los plazos, el ritmo y los parámetros varían entre los distintos países e incluso dentro del mismo país. Lo que observamos en los primeros países y ciudades que salen del confinamiento es que cerrar las puertas resulta más fácil que reabrirlas. Los informes iniciales sugieren que proporcionar una experiencia gratificante en el museo al tiempo que se protege la salud y la seguridad del personal y los visitantes del museo requiere algo más que la vuelta al trabajo de los empleados y la apertura de puertas.

En primer lugar, ahora los museos deben desinfectar a fondo las instalaciones antes de abrir, y continuar aplicando esta medida diariamente. No obstante, deben proceder con precaución, dado que la exposición constante y a largo plazo a desinfectantes con componentes blanqueantes u oxidantes puede resultar perjudicial para las obras de arte. Como alternativa, los desinfectantes «respetuosos con el medio ambiente» basados en aceites esenciales antibacterianos pueden significar un riesgo menor.

Además de tener desinfectantes de manos disponibles por todo el edificio, los responsables de los museos deben determinar cuál es la mejor forma de mantener la distancia social. Se espera que la mayoría de los museos limite el aforo dentro del edificio, quizá exigiendo a los visitantes que se registren previamente en una franja horaria específica. Además, es necesario contar con personal del museo para controlar el aforo en las galerías más pequeñas.

En el museo, la ya omnipresente ingeniería social empleada para promover el distanciamiento social (por ejemplo, con señalización y marcas en el suelo) supone un reto de diseño, por la necesidad de equilibrar seguridad y estética. Es decir, ¿pueden colocarse señales para circular por el museo de una forma no invasiva y acorde con la atmósfera general del museo, manteniendo al mismo tiempo la distancia social?

Luego está la cuestión de las mascarillas. Según informes de la prensa alemana, donde algunos museos ya han abierto recientemente, «no todos, pero la mayoría de los museos exige a los visitantes que usen mascarillas». En Suiza, por el contrario, los museos han adoptado una postura más relajada, al menos por ahora. Quienes han visitado recientemente los museos suizos informan de que solo un pequeño porcentaje de los empleados y una minoría de los visitantes llevaban mascarillas.

¿Y qué ocurre con algunos complementos importantes, como audioguías y pantallas interactivas? ¿Y los servicios como cafeterías y tiendas de regalos? Suelen ser una parte integral de la experiencia del museo y, en algunos casos, generan beneficios importantes. El Kunsthaus Zürich de Suiza, por ejemplo, sigue ofreciendo audioguías; el museo señala que «se desinfectan antes y después de cada uso, como siempre se ha hecho». La tienda de regalos y la cafetería también siguen abiertas, aunque con paneles de plexiglás que separan al personal de los visitantes, y un número reducido de mesas en la zona de comedor.

Cómo atraer y conquistar a los visitantes

Aunque la situación financiera y los fondos de los museos varían mucho según el caso, todos se enfrentan actualmente a un periodo indefinido con una reducción drástica de beneficios. Es poco probable que los turistas regresen pronto, y las exposiciones especiales, los eventos para miembros, las recaudaciones de fondos y actividades similares pueden verse restringidas o incluso canceladas en el futuro inmediato. Además, a causa de la extraordinaria presión financiera a la que se enfrentan los Gobiernos en todos los niveles, los fondos públicos de los que dependen muchos museos para cubrir parte de sus gastos podrían empezar a agotarse.

Teniendo en cuenta esta nueva realidad, ¿cómo pueden los museos seguir atrayendo y conquistando al público? Muchos pondrán en práctica las lecciones aprendidas durante el cierre y seguirán inventando nuevos formatos digitales creativos e innovadores para atraer al público. Un museo en Washington D. C., por ejemplo, albergó recientemente un evento virtual que atrajo a participantes de todo el mundo, un público mucho mayor y más diverso del que habría asistido a un evento similar en persona. A raíz de esta experiencia, el museo prevé incorporar el componente virtual a todos sus eventos en el futuro.

Por otra parte, la distribución y los espacios físicos de muchos museos ya favorecen el distanciamiento social. Las investigaciones recientes concluyen que los visitantes de los museos interactúan con mucha menos gente y son mucho menos propensos a tocar las superficies comunes que las personas que visitan muchos otros espacios públicos, como restaurantes, centros comerciales, gimnasios, parques de atracciones y demás.

Eso nos lleva a otra interesante pregunta: ¿es posible compensar la ausencia de visitantes de fuera de la ciudad con un aumento de visitantes locales que busquen una alternativa a los eventos deportivos, conciertos, festivales y actividades similares que siguen interrumpidas? ¿Incluidas también aquellas personas que no suelen visitar los museos? Como dato anecdótico, amigos y conocidos de ciudades europeas dicen que están pensando en visitar museos y galerías que generalmente evitan por estar abarrotadas por hordas de turistas. Hoy buscan «tener todo el sitio para ellos».

El tiempo lo dirá, por supuesto. En cualquier caso, este periodo podría ser una oportunidad para que los museos conecten con un público nuevo y, al mismo tiempo, estrechen sus lazos con las comunidades locales.

Un oasis donde refugiarse

En nuestro artículo anterior señalábamos que «... el consuelo, la inspiración y la esperanza que a un nivel personal e íntimo nos proporciona el arte son hoy tal vez más importantes que nunca».

Sigue siendo cierto. Como un oasis en mitad del desierto, los museos son un alivio para el estrés de este mundo, además de ofrecernos «consuelo, inspiración y esperanza». Además, aunque solemos visitar los museos con familiares y amigos, la experiencia es, en última instancia, «individual e íntima».

Eso nos lleva a una última cuestión: ¿Empezarán a adoptar los museos una «vuelta a lo básico» con una atención renovada a la sencilla interacción entre el espectador y la obra de arte? Desde hace muchos años, los museos han dedicado considerables recursos a atraer visitantes por canales que quizá no sean viables durante un tiempo, incluidos los eventos a gran escala y la interacción, así como las actividades multisensoriales. Si bien esos esfuerzos pudieron ser eficaces en su momento a la hora de generar y mantener un público, quizá el atractivo se vuelva ahora más básico: la seguridad, la sencillez y el placer de colocarse enfrente de las grandes obras de arte.

Muchos de los retos a los que se enfrentan en última instancia los directores de los museos tienen que ver con aspectos económicos y de comisariado que están más allá de las competencias de nuestros Expertos en Arte y Consultores de Riesgos. No obstante, AXA XL puede proporcionar asesoramiento y asistencia para evaluar las prácticas de salud e higiene del museo, así como sus sistemas/medidas de seguridad. Entendemos que garantizar la salud y la seguridad del personal, los visitantes y la colección es la máxima prioridad, y estamos a disposición de los museos para ayudarles a responder a este imperativo fundamental.

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  • Global Practice Leader, Fine Art Insurance
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