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Lugar: Hong Kong, Yakarta, Santiago, Lima, Quito, La Paz, París, Barcelona, Beirut, Bagdad…

«Miles de manifestantes han vuelto a tomar las calles hoy en lo que se ha convertido en una continua serie de protestas contra...»

Algo está sucediendo

Los informes de prensa de prácticamente cualquier rincón del planeta han sido similares los últimos meses: se despliegan numerosas protestas ciudadanas, a menudo de manera rápida y espontánea, como respuesta a lo que se perciben como acciones de «mano dura» por parte de Gobiernos locales o nacionales. En muchos casos, estos levantamientos son relativamente desorganizados; no cuentan con líderes reconocidos ni con el apoyo de ningún partido de la oposición, para sorpresa de Gobiernos desprevenidos.

El mundo se ha quedado absorto, por ejemplo, al contemplar a cientos de miles —y en algunos casos, más de un millón— de personas tomando las calles de Hong Kong en una continuada serie de protestas frente a, entre otros asuntos, ciertas propuestas legislativas que los ciudadanos temen que debiliten sus libertades civiles y la autonomía de la región. Mientras tanto, en Santiago de Chile el aumento del precio del transporte desencadenó protestas masivas que provocaron, entre otras consecuencias, el cambio de sede de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático a Madrid. El plan del Gobierno ecuatoriano de retirar los subsidios para combustible fue el catalizador de las huelgas y manifestaciones en Quito. De forma similar, el aumento de los impuestos sobre el combustible dio pie al movimiento de los «chalecos amarillos» que surgió en París y otras ciudades francesas. En Beirut, un nuevo impuesto a las llamadas telefónicas mediante WhatsApp provocó manifestaciones antigubernamentales masivas.

Aunque muchos de estos eventos están salpicados de diferentes preocupaciones económicas cotidianas, todos comparten un escenario común, caracterizado por la desaceleración del crecimiento económico, el constante aumento de la desigualdad de ingresos y una creciente percepción de que las instituciones políticas y económicas desoyen las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía.

« Miles de manifestantes han vuelto a tomar las calles hoy en lo que se ha convertido en una continua serie de protestas contra... »

En el informe de Perspectivas de la economía mundial de 2019, por ejemplo, el FMI apunta:

«Durante el último año, el crecimiento mundial disminuyó drásticamente. Entre las economías avanzadas, el debilitamiento ha sido generalizado y ha afectado a las grandes economías (Estados Unidos y, especialmente, la zona del euro) y a las economías avanzadas más pequeñas de Asia. El enfriamiento de la actividad ha sido más pronunciado entre las economías de mercados emergentes y en desarrollo, como Brasil, China, India, México y Rusia, así como en algunas economías aquejadas por tensiones macroeconómicas y financieras».

A medida que desacelera el crecimiento, los problemas de desigualdad de ingresos que se han ido fraguando bajo la superficie están comenzando a emerger. Chile, por ejemplo, lleva mucho tiempo manteniendo una estabilidad y prosperidad superiores a la de sus países vecinos. También sufre el mayor nivel de desigualdad de ingresos tras impuestos entre los países de la OCDE. Como explicó un profesor de la Universidad de Chile: «[Las protestas] tuvieron poco que ver con el transporte público. Se convirtió en una situación de desigualdad brutal».

Del mismo modo, aunque la ciudadanía del Líbano reaccionó a la aplicación de impuestos a las llamadas de WhatsApp, también hizo una conexión entre los 16 millones de USD que el Primer Ministro pagó a una modelo sudafricana que conoció en un complejo turístico de las Seychelles y la incapacidad del Gobierno para responder a los devastadores incendios que tuvieron lugar, después de que se eliminara prácticamente cualquier financiación para personal y equipos contra incendios.

Estos acontecimientos y otros similares sugieren que el contrato social —siempre un concepto frágil— se está viniendo abajo en muchos países. Como consecuencia, en cada vez más lugares, los ciudadanos comienzan a expresar su frustración empleando un arma contundente y con potencial: tomar las calles en masa en un intento de recuperar el control. Como proclamaba la pancarta de un manifestante en Beirut: «El poder de las personas es más fuerte que las personas en el poder».

¿Han venido para quedarse?

Las protestas en masa, obviamente, no son un fenómeno reciente. Sin embargo, para las empresas que buscan nuevos mercados y para los inversores que investigan nuevas oportunidades, esta oleada de agitación resulta, al menos, inquietante. Lo es especialmente porque ahora los conflictos civiles se desatan no solo en países históricamente inestables como Irak y Líbano, sino también en lugares como Hong Kong y Chile, considerados durante mucho tiempo como zonas de progreso y económicamente estables.

Además, los expertos coinciden en que es muy probable que los conflictos civiles tomen protagonismo en el panorama de riesgos del futuro más predecible. De hecho, el informe de riesgos futuros Future Risks Report del Grupo AXA-Eurasia estimó que «el descontento social y los conflictos locales» fueron el cuarto riesgo emergente más significativo del mundo, lo que supone un ascenso de un puesto en comparación con 2018. El cambio climático, la ciberseguridad y la inestabilidad geopolítica ocuparon los tres primeros puestos en 2019.

(El informe Future Risks Report se basa en una encuesta realizada a más de 1700 profesionales de seguros y gestión de riesgos, entre los que se incluyen expertos internos, gestores de riesgos corporativos, corredores, investigadores académicos y expertos en materia de riesgos y seguridad. Los encuestados tienen residencia en 58 países de todo el mundo).

Según el informe, «casi la mitad de los expertos encuestados consideran que la preocupación más acuciante es la desigualdad de ingresos y de distribución de la riqueza». O, como expresó uno de ellos, un ejecutivo financiero de la República Checa: «Mientras que la mayoría de amenazas emergentes pueden al menos reconocerse, la amenaza que generan la desigualdad de ingresos y la erosión de los programas de bienestar social es una bomba de relojería sin abordar».

La gestión proactiva del riesgo resulta esencial

En el intervalo transcurrido entre la edición y la publicación de este artículo, no cabe duda de que la agitación y la violencia civil en algunos de los lugares mencionados habrán aumentado, y habrá generado una inestabilidad aún mayor. Mientras que algunos lugares parezcan volver a la normalidad, personas de otros países estarán ahora tomando las calles. En otras palabras, puede que la oleada actual de agitación civil tenga altibajos en el futuro, pero es poco probable que ceda significativamente.

Los autores del informe Future Risks Report también apuntaron:

«Una de las aparentes tendencias principales en la encuesta es la creciente conexión entre los riesgos y el consiguiente efecto dominó... Por tanto, los expertos encuestados aducen que un enfoque incompleto —una gestión de riesgos que se centre únicamente en los riesgos aislados— es insuficiente. Una gestión de riesgos proactiva debe tener en cuenta la complejidad y la incertidumbre inherentes a los riesgos emergentes. Para lograr este ambicioso objetivo, es necesario generar un diálogo constante entre expertos de distintos campos y disciplinas».

Desde una perspectiva aventajada como asegurador de riesgos políticos y deudas comerciales, creo que esto resume acertadamente los problemas y los imperativos a los que se enfrentan las empresas y los inversores actuales. Las decisiones que tienen que ver con nuevas oportunidades u operaciones/inversiones existentes no pueden obviar «la complejidad y la incertidumbre inherentes» al panorama de riesgos actual.

Es más, aunque distintos tipos de seguros de indemnización pueden ayudar a mitigar numerosos riesgos —y pueden, de hecho, ser una condición previa a la financiación—, la transferencia de riesgos por medio de los seguros no debería ser la primera opción. Resulta más interesante una gestión de riesgos proactiva, que implique el desarrollo de un conocimiento profundo de las distintas dinámicas que entran en juego en un país, incluidos el contexto histórico, los conflictos de intereses y los posibles detonantes. En palabras de Ian Bremmer, fundador y presidente del Grupo AXA-Eurasia:

«El análisis de riesgos políticos es más subjetivo que el de riesgos económicos y requiere que los líderes no solo se enfrenten a tendencias generales y fácilmente observables, sino también con sutilezas sociales e incluso singularidades personales. La cuantificación de esos factores resulta complicada, ya que debe desglosarse en una narrativa continua dentro de contextos históricos y regionales».

En resumen: en un mundo cada vez más volátil y económicamente conectado, el riesgo político se vuelve cada vez más frecuente y adquiere mayor peso. Esta desafortunada tendencia solo refuerza la importancia de una gestión de riesgos proactiva y de una estrategia de mitigación de riesgos adecuada que ayuden tanto a empresas como a inversores a sortear con mayor soltura las turbulencias.

Acerca de la autora: Bonnie Chow es Senior Underwriter de AXA XL, con sede en Sídney. Trabaja con clientes comerciales e instituciones financieras de Australia y la región Asia-Pacífico en la estructuración de soluciones para riesgos políticos y créditos comerciales adaptándose a sus necesidades y requisitos comerciales específicos. Su dirección de correo electrónico es bonnie.chow@axaxl.com.

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