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Empleados de supermercados. Personal de restaurantes. Trabajadores del transporte público. Personal de gasolineras. Mensajeros. Conductores de camiones. Trabajadores de almacenes y procesadores de alimentos. Agentes de la autoridad. Y, por supuesto, profesionales sanitarios. Todos ellos son trabajadores esenciales.

Mientras que los negocios no esenciales cierran o reducen notablemente su actividad en todo el mundo para que más personas se queden en casa, los negocios esenciales buscan formas de preservar la seguridad y la salud de sus empleados. Para ayudarlos, AXA XL Risk Consulting comparte sus ideas en torno a la pandemia y sus directrices generales de prácticas recomendadas (que pueden descargase aquí). Sheri Wilbanks, directora de Responsabilidad Civil Internacional de AXA XL Risk Consulting, destaca los retos del entorno operativo actual para los negocios esenciales. Unos principios sólidos de gestión del riesgo —una evaluación de los nuevos peligros dadas las circunstancias actuales y los ajustes operativos— siguen siendo la base para minimizar las amenazas para empleados y clientes, y para proteger mejor sus empresas.

¿Qué protocolos o medidas están tomando las empresas esenciales para proteger a sus empleados?

 Los protocolos que se requieren dependen de la naturaleza de las operaciones empresariales y de los peligros existentes. Por eso es tan necesario realizar una evaluación de riesgos en primer lugar. ¿Cuál es el riesgo? ¿Quién está expuesto al riesgo? ¿Qué acciones minimizarían ese riesgo?

Por ejemplo, las empresas que se atienen a las directrices de los profesionales sanitarios hacen todo lo que pueden por mantener la distancia recomendada o el mínimo contacto posible entre sus empleados y los clientes a los que sirven. La práctica resultante puede suponer una limitación en cuanto al número de empleados que pueden estar al mismo tiempo en el lugar de trabajo. Muchas empresas han creado un grupo A y un grupo B para trabajar en horarios alternativos y limitar así la exposición de su personal laboral.

Las empresas con atención al público pueden limitar el número de clientes que admiten en su tienda o instalación. Otras ofrecen un horario comercial especial para sus clientes más vulnerables. Hay restaurantes que han introducido la entrega directamente en el coche.

En general, muchas empresas realizan cambios en sus transacciones con el fin de reducir los peligros para sus empleados y clientes. La documentación es un elemento muy importante en el proceso de evaluación y mitigación de riesgos. Este proceso permite disponer de las pruebas que se emplearán para minimizar las responsabilidades que puedan surgir durante este tiempo.

¿Hay empresas que funcionan como de costumbre?

Pocos negocios siguen con su día a día habitual. Los empleadores se centran en diferenciar entre actividades esenciales y no esenciales. Es posible que tengan que hacer más con menos personal. También puede que tengan que aumentar o añadir actividades a su negocio que antes no existían; por ejemplo, muchos supermercados ofrecen servicios de facturación y entrega en la calle.

Tareas modificadas, adicionales o nuevas, y operaciones con menos personal exigen evaluar los riesgos para el trabajador y emprender medidas adecuadas para la mitigación de riesgos. Tareas que pueden requerir la espera de dos o más empleados, o bien una ejecución diferente. Por ejemplo, una tienda en la que un equipo de diez personas se encargaba de almacenar el stock en los estantes y que cuenta ahora con solo cinco personas trabajando tendrá que ajustar el método y las previsiones del almacenamiento en los estantes. Las cajas más pesadas, que solían desplazar dos personas con elevadores dobles, quizá ahora deban vaciarse parcialmente como parte de un cambio en el protocolo estándar.

Los empleadores siguen necesitando que sus empleados respeten los protocolos de seguridad laboral, especialmente si se emplean métodos alternativos.

Los empleadores siguen necesitando que sus empleados respeten los protocolos de seguridad laboral, especialmente si se emplean métodos alternativos.

Con las dificultades de suministro de equipos de protección individual (EPI), como mascarillas y guantes, muchas empresas dedican esos suministros a los empleados que están en primera línea y a los trabajadores sanitarios que más lo necesitan. ¿Qué otros equipos o protocolos de seguridad deberían usar las empresas?

 Es importante que los profesionales utilicen los EPI adecuados. Un elemento añadido a las rutinas de higiene de muchas empresas es el uso de desinfectantes de manos con base de alcohol. Para que sea lo más eficaz posible, el desinfectante de manos debe tener un contenido de alcohol de entre el 60 y el 95 % y aplicarse con las manos visiblemente limpias. Es importante destacar que, si las manos están sucias, la eficacia del desinfectante de manos se reduce notablemente.

El desinfectante de manos debe secarse en las manos. No se debe eliminar el «exceso» de las manos. No es realmente un exceso; debe evaporarse (secarse) en las manos. 

Los desinfectantes de manos deben manipularse con cuidado, especialmente en algunos entornos laborales. Por ejemplo, deben tener especial cuidado los trabajadores que se encuentren cerca de una llama expuesta. El alto contenido en alcohol del desinfectante de manos hace que sea muy inflamable, y sigue estando presente si tras su uso las manos tienen apariencia húmeda. Pueden producirse quemaduras graves.

Todos los desinfectantes de manos y productos similares con alto contenido en alcohol deben almacenarse con cuidado, alejados de fuentes de calor. En estos tiempos, es posible que algunas empresas tengan un suministro mucho mayor de lo normal de este tipo de productos, por lo que debe prestarse mucha atención a los métodos de almacenamiento.

¿Qué importancia tiene la comunicación para mantener la seguridad de los trabajadores esenciales?

 Es muy importante. Es necesario que las empresas establezcan canales abiertos de comunicación. Además, la comunicación debe producirse en ambos sentidos, desde la directiva y los responsables de salud y seguridad hacia los empleados, y a la inversa. Los empleados tienen que comprender la gravedad del riesgo, la importancia de las medidas adoptadas y su papel en ellas. Los equipos directivos y de salud y seguridad tienen que comprender las preocupaciones de los empleados, para darles respuesta y realizar los ajustes necesarios.

¿Qué lecciones podemos aprender?

Aprenderemos muchas lecciones después de la crisis y creo que todas las empresas acabarán revisando su planificación de la continuidad empresarial, analizando qué ha funcionado y qué podría haber ido mejor. Una de las lecciones más importantes en torno a la planificación de la continuidad empresarial la encontraremos en los EPI. La escasez de suministros de EPI debería generar un debate a fondo y posibles cambios en la gestión de este suministro. Por supuesto, una pandemia global representa una situación única que nos obliga a enfrentarnos a una escasez de suministros a escala global. Las situaciones de crisis son, en su mayoría, de alcance regional. Cuando una región se ve afectada otras pueden encargarse del suministro. ¿Qué hacemos en un escenario de crisis global? Esas lecciones las estamos aprendiendo ahora.

¿Qué deberían tener en cuenta los clientes? ¿Cómo pueden ayudar?

 Deben conocer las normas de los negocios que visitan y respetarlas, como el horario comercial, los servicios disponibles, la limitación en el número de clientes que pueden acceder y aspectos similares. Las empresas quieren preservar la seguridad de sus clientes y empleados. Los clientes deben aportar su ayuda siguiendo las directrices de los profesionales sanitarios, entre las que se incluyen limitar las salidas a las actividades esenciales, no salir en caso de no encontrarse bien, seguir las recomendaciones de higiene en cuanto al lavado de manos y a no tocarse la cara y, algo esencial ahora mismo, SER PACIENTES. Todos podemos hacerlo; está en juego nuestra propia seguridad y la de los demás. Debemos hacerlo por los trabajadores esenciales, por nosotros y por nuestras familias.

  • Sobre el Autor
  • Global Casualty Risk Consulting Manager, AXA XL Risk Consulting
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