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Fast Fast Forward

Seguros que ofrecen una protección pionera para un mundo autónomo

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¿Está la sociedad lista para vivir en un mundo autónomo? Lo esté o no, la realidad manda. Las tecnologías autónomas ya forma parte de nuestras vidas desde hace algún tiempo y, por tanto, la mejor pregunta que nos podemos hacer quienes trabajamos en el sector asegurador es si estamos preparados para asumirla. La sociedad se familiariza con las ventajas y los riesgos de desarrollar y adoptar tanto la autonomía como sus implicaciones, y al mismo tiempo nosotros debemos prepararnos para afrontar los riesgos y las responsabilidades que conlleva.

Como sucede con todos los avances tecnológicos, antes de que sus productos y servicios irrumpan en el mercado de consumo, estos suelen utilizarse en mayor o menor medida en la industria. Es lo que ocurre con la inteligencia artificial, la tecnología robótica y las máquinas autónomas, que actualmente desempeñan un papel más o menos protagonista en la logística, la construcción, la agricultura, los servicios profesionales, la fabricación, el transporte y, por supuesto, los vehículos sin conductor de los que todo el mundo habla. El avance de la tecnología ha sido tan fulgurante que, en el año 2017, el sistema de clasificación industrial norteamericano NAICS actualizó sus clasificaciones industriales para dar cabida al auge de los sectores vinculados al desarrollo de tecnologías avanzadas. Por tanto, no se trata de algo nuevo para los demás, sino para el sector asegurador en particular.

Cambios y desafíos
Está claro que nuestros clientes son pioneros en el uso de tecnologías tan avanzadas como la robótica y las máquinas autónomas. Sin embargo, tampoco se puede negar que esto supone una vuelta de tuerca en materia de Responsabilidad Civil y un desafío para nuestros sistemas jurídicos, que tradicionalmente se han basado en la causalidad. Así lo recoge el propio Código Civil: «El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado».

Hasta hace bien poco, las máquinas solían construirse como herramientas al servicio de los humanos por un motivo y para un fin específicos. Las máquinas eran «tontas» y no podían aprender de ellas mismas ni de otras máquinas. A ninguna se le podía imputar responsabilidad personal alguna, puesto que eran incapaces de realizar acciones autónomas. Cuando se detectaba un defecto, normalmente se debía a un error de programación o a un manejo inadecuado de la máquina, por lo que resultaba muy sencillo identificar la responsabilidad.

No obstante, las máquinas autónomas o «inteligentes» de hoy en día son capaces de aprender de su propio comportamiento o del de otras máquinas. Cuanto mayor sea su grado de autonomía, menor será su comportamiento de acuerdo con unos patrones programados, que se sustituirán por un conjunto de reglas que quizás nunca se habrían previsto para las circunstancias específicas que rodean el funcionamiento de la máquina en la vida real. Esto complica bastante la labor de saber si su comportamiento se debe al diseño y a la programación del ser humano, o bien a todo aquello que la máquina ha aprendido por su cuenta.

Las máquinas autónomas pondrán en jaque los modelos de Responsabilidad Civil existentes. La mayoría de los sistemas jurídicos del mundo se fundamentan en la causalidad para determinar quién es el responsable de una pérdida, de una lesión o de una interrupción de negocio, por ejemplo. En el futuro, será cada vez más difícil determinar si la causa de la pérdida es imputable al diseño de la máquina o, por el contrario, a la propia máquina en sí. Esto crea una laguna en la responsabilidad que hace tambalear los cimientos de las coberturas de seguros tradicionales.

Si observamos la forma en que la legislación interpreta la cuestión, percibimos claramente el potencial de que los riesgos aumenten y de que los costes de defensa jurídica se disparen —especialmente en el caso de la Responsabilidad Civil y de la Responsabilidad Civil Profesional— por el mero hecho de que nuestros clientes, quienes trabajan en pro de una sociedad más avanzada, hayan contribuido a la fabricación de una máquina autónoma.

Una protección revolucionaria
He aquí un nuevo ámbito del riesgo que XL Catlin lleva ya un tiempo siguiendo muy de cerca.

Nuestra exclusiva alianza internacional plurianual con Oxbotica, una de las empresas de autonomía más importantes del mundo, y nuestra participación en el consorcio DRIVEN nos sitúan en una posición inmejorable para ahondar en nuestro conocimiento de este campo y liderar la (r)evolución del sector asegurador y de sus capacidades. Nuestro objetivo será siempre ayudar a que innovadores, emprendedores, empresas e individuos apuesten y trabajen por un mundo más autónomo.

El pasado mes de abril sin ir más lejos, DRIVEN llevó a cabo satisfactoriamente su primera demostración pública de las capacidades de interacción y comunicación entre su flota de vehículos autónomos. En el futuro, está previsto que los vehículos compartan y adquieran la información entre sí para que todos puedan trazar rutas más eficaces, evitar peligros potenciales y anticiparse mejor a las situaciones. Los ensayos que se están realizando actualmente en la ciudad de Oxford y sus alrededores, así como en carreteras y entornos urbanos entre Oxford y Londres, también nos brindarán la oportunidad de crear una herramienta de evaluación del riesgo que permita a los usuarios de vehículos autónomos tomar decisiones acerca del nivel de autonomía y la velocidad que mejor se ajusten a una gran variedad de condiciones de conducción.

Oxbotica y el Gobierno del Reino Unido, quien concede subvenciones para fomentar el desarrollo de nuevas tecnologías autónomas, se están haciendo las preguntas adecuadas. ¿Qué responsabilidades existen? ¿Qué cuestiones se debería plantear el Gobierno? ¿Qué riesgos del control deberían preocuparnos? ¿Dónde está la línea que separa la información pública y privada que recopilan estas «máquinas»? Este tipo de colaboraciones, avances y ensayos son emocionantes y también nos demuestran que es aquí donde debemos estar en tanto que organización.

De hecho, XL Catlin es el asegurador de un proyecto piloto autónomo que se está desarrollando actualmente en el aeropuerto londinense de Gatwick y que consiste en probar una flota de vehículos autónomos que transportan al personal por las pistas del aeropuerto; de momento, todavía no está previsto el transporte de pasajeros. El objetivo de este proyecto piloto es demostrar que los vehículos autónomos pueden funcionar de manera segura en un entorno tan complejo como el de un aeropuerto, donde operan multitud de vehículos diferentes en todas direcciones, tanto dentro como fuera de pista.

Se avecinan cambios
XL Catlin está convencido de que la tecnología autónoma no solo transformará radicalmente el modo en que las personas y las mercancías se desplazarán por el mundo en los próximos veinte años, sino que también mejorará la seguridad, aumentará la movilidad y transformará la vida de la gente, los negocios y los servicios públicos. Pensemos un momento en todas sus ventajas:

  • En el año 2017, se registraron alrededor de 40.000 víctimas mortales en accidentes de tráfico con conductor en E.E.U.U. En España fueron 1.700. Esta estadística podría mejorarse significativamente con los vehículos autónomos. Asimismo, estos podrían ampliar la movilidad de un segmento de nuestra sociedad que, a día de hoy, no puede conducir debido a alguna discapacidad.
  • Los informes de la OSHA revelan que, durante el año 2016, en las plantas industriales y fábricas privadas de los EE. UU. se registraron 4.693 accidentes mortales de trabajadores y 2,9 millones de lesiones y enfermedades laborales. Teniendo en cuenta estas cifras, es preciso analizar con detenimiento el potencial que ofrece la autonomía para mejorar la seguridad de las actividades de riesgo. Una autonomía a la que sí están sacando cada vez más partido los supermercados y los comercios en línea con sus «almacenes oscuros», término acuñado para designar a aquellos lugares de almacenaje que no necesitan iluminación para funcionar normalmente. Los almacenes frigoríficos o de congelado como, por ejemplo, los utilizados en las industrias farmacéutica o de alimentación y bebidas, son particularmente idóneos para «volverse oscuros» y, de este modo, reducir el número de personas que trabajan en condiciones tan severas como las temperaturas bajo cero (consulte nuestro artículo en inglés de Fast Fast Forward sobre los almacenes oscuros).
  • Ahora bien, es comprensible que exista cierto escepticismo en torno a las implicaciones que todo lo anterior acarreará para los asalariados y sus puestos de trabajo. La autonomía no solo redistribuirá y redefinirá los empleos y las competencias necesarias, sino que obligará a la sociedad a crear nuevos modelos de negocio y a proporcionar los recursos necesarios para el reciclaje de los trabajadores. Un estudio en inglés del año 2017 elaborado por Intel y por la firma de analistas Strategy Analytics calcula que, en el año 2050, la nueva oleada de tecnología autónoma podría generar una actividad económica adicional por valor de 7 billones USD. En este sentido, las clasificaciones actualizadas del NAICS no hacen sino reconocer la importancia de estas industrias electrónicas, su crecimiento vertiginoso durante las últimas décadas y su enorme potencial para convertirse, en el futuro, en el motor de las economías de EE. UU., Canadá y México.

La transformación de cómo se mueve el mundo
Como ya se ha dicho, no cabe duda de que la tecnología robótica autónoma y, en especial, los vehículos autónomos transformarán radicalmente el modo en que las personas y las mercancías se desplazarán por el mundo en los próximos veinte años. Digamos que... nos aguardan grandes oportunidades. La autonomía tiene un gran potencial para mejorar la seguridad, aumentar la movilidad y transformar la vida de las personas, los negocios y los servicios públicos.

Y puesto que creemos firmemente en los grandes beneficios que el avance de la autonomía puede aportar a la sociedad, XL Catlin ha aceptado el desafío de desarrollar una solución aseguradora que promueva activamente la adopción de tecnologías autónomas, principalmente, a través de la cobertura de proyectos piloto que ayuden a que la autonomía se abra paso en la empresa y la industria.

La colaboración estrecha con algunos de estos usuarios pioneros nos ha enseñado que, a pesar de que la autonomía no tiene dos usos iguales y que cada aplicación requiere un enfoque a medida, existe una necesidad imperiosa de contar con una solución estructurada que englobe toda nuestra experiencia en los distintos tipos de seguros. Por eso, XL Catlin ha lanzado una iniciativa dirigida a ofrecer una cobertura multirramo específica que asegure los riesgos derivados del diseño, el desarrollo, la comprobación y la aplicación de sistemas autónomos.

Gracias a los nuevos conocimientos obtenidos de su colaboración con Oxbotica y a su amplia oferta de seguros multirramo, XL Catlin goza de una posición inmejorable para afrontar el riesgo de la revolución autónoma y para liderar el mercado de las coberturas en materia de autonomía. No importa cuántos clientes adopten tecnologías autónomas en sus plantas ni cuál vaya a ser su aplicación, XL Catlin estará siempre preparado.

Para que la autonomía avance, tiene que haber empresas dispuestas a asumir los riesgos que entrañan estas tecnologías, especialmente durante su desarrollo. Se trata de un abordaje del riesgo que implica afrontar desafíos y romper con los conceptos de responsabilidad y causalidad tradicionales.

Trato hecho. XL Catlin acepta el reto.

Para saber más, por favor, contacte con nosotros aquí.

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