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La gestión de riesgos, en una definición sencilla, trata de proteger el valor de algo. En las artes plásticas, el valor de un objeto está intrínsecamente ligado a su autenticidad. Una obra auténtica de un artista valorado puede atraer millones de dólares, mientras que el valor de una falsificación, incluso si un observador inexperto no pudiera distinguirla del original, podría ser prácticamente nulo. Por tanto, en las transacciones con obras de arte, la gestión de riesgos implica necesariamente la determinación de su autenticidad en el mayor grado posible.

La autenticidad a veces puede entrar en juego de maneras inesperadas, como en la notificación de siniestros que impliquen pérdidas o daños en obras artísticas. El valor del siniestro depende de si la obra está asegurada según el valor de mercado actual o según el acuerdo de un valor de mercado programado. En cualquiera de los dos casos, una tasación podría generar dudas sobre la autenticidad de una obra que el propietario podría no tener anteriormente.

Los expertos, coleccionistas y marchantes se rigen normalmente por diferentes procedimientos para determinar la autenticidad; uno de los más importantes es la procedencia. La procedencia es el historial de propietarios de una obra. La procedencia es importante porque puede indicar que la obra no es robada ni falsificada y que su propietario actual tiene la capacidad de transferir los derechos de propiedad a un tercero.

A menudo, el valor de un objeto aumenta en función de la identidad de su propietario. Por ejemplo, una mecedora de roble logró superar los 450 000 USD en una subasta en 1996 porque perteneció al expresidente de EE. UU. John F. Kennedy. La casa de subastas había estimado el valor de la mecedora en 5000 USD, lo que ilustra que la procedencia puede aumentarlo muy significativamente. La colección de arte de los filántropos Peggy y David Rockefeller recaudó más de 835 millones de USD en una subasta benéfica en 2018, una recaudación que estableció el récord para una colección privada y superó con creces las estimaciones previas.

Procedencia y autenticidad

Una documentación adecuada que muestre la procedencia puede ayudar a establecer, pero no necesariamente probar, la autenticidad. Incluso ávidos coleccionistas han sufrido timos; además, la evolución de la naturaleza de los aprendices de arte ha llevado a situaciones en las que se ha determinado que algunas obras no están realizadas por el artista reconocido sino por un aprendiz, lo que altera su valor. Por ejemplo, se sabe que Rembrandt van Rijn tuvo más de 50 aprendices. De ellos, se cree que al menos dos pintaron obras atribuidas previamente a su maestro.

Determinar la procedencia puede resultar bastante complicado y llevar años. Los documentos que la respaldan pueden ser recibos, facturas, comprobantes de venta, tasaciones previas, inclusiones en catálogos de subastas o catálogos de exposiciones de museos y galerías de arte. La procedencia resulta algo más sencillo de determinar en el arte contemporáneo que en obras más antiguas, ya que es más probable que existan registros y son más fáciles de ubicar.

Para evitar los riesgos de conflictos de propiedad, pagos excesivos y decepciones, los compradores de arte deberían buscar señales de alerta como:

  • Falta de información en la obra en sí. Los artistas, independientemente del medio, normalmente incorporan su firma o inscriben su trabajo en un corpus de trabajo. A menudo, etiquetas, sellos, fechas u otros tipos de información pueden dar pistas sobre la autenticidad y la procedencia de una obra. Cuando esas pistas no existen, los posibles compradores deberían proceder con precaución.
  • Falta de documentación. La falta de documentación puede indicar que una obra es robada. El robo es especialmente una preocupación para los compradores de ciertas antigüedades, así como de obras de arte europeo del periodo del holocausto (1933-1945). Puede que muchas de estas obras fueran saqueadas en espacios culturales o expropiadas a coleccionistas privados. Leyes y acuerdos como la Convención sobre las Medidas que deben Adoptarse para Prohibir e Impedir la Importación, la Exportación y la Transferencia de Propiedad Ilícitas de Bienes Culturales de la Unesco de 1970 restringen la importación y venta de ciertas obras. Los marchantes con reputación están muy al tanto y se atienen a estas normativas.

 

La mayoría de obras presentan lagunas en sus historiales. La clave reside en comprender la naturaleza de dichas lagunas y buscar explicaciones plausibles.
  • Lagunas inexplicables. Sería ideal que los registros de propietarios de una obra fueran completos, pero esto es poco frecuente en la práctica. La mayoría de obras presentan lagunas en sus historiales. La clave reside en comprender la naturaleza de dichas lagunas y buscar explicaciones plausibles. Las lagunas que no se pueden explicar pueden sugerir que la obra es falsificada o tiene un historial ficticio. O, por ejemplo, si se aduce que una obra data del siglo XVII pero los registros más antiguos de su existencia son del siglo XX, es posible que no se trate de un original.
  • Ausencia de catálogos razonados. Un catálogo razonado es una compilación erudita de los trabajos de un artista. Puede tratarse de un punto de partida crucial para investigar la procedencia de una obra. La Fundación Internacional para la Investigación del Arte mantiene bases de datos electrónicas con catálogos razonados y ofrece varios recursos a los coleccionistas. Cuando no existan registros de este tipo, es necesario realizar otras investigaciones. Otras vías de investigación de la procedencia pueden incluir los propios corpus de trabajo de un artista, bibliotecas de museos, archivos fotográficos y otras bases de datos institucionales.

La determinación de la autenticidad es una labor distinta y compete a expertos en la materia. Normalmente, la autentificación se basa en tres factores:

  • Evidencia de la obra en literatura como la que se pueda encontrar en catálogos razonados u otros documentos institucionales como los de la fundación de un artista. Cabe destacar que las propias fundaciones dejaron de autentificar obras de arte hace alrededor de una década por cuestiones de responsabilidad.
  • Análisis científicos, entre los que se encuentran los rayos X y las pruebas de si el medio y sus elementos pertenecen al mismo periodo en que presumiblemente se produjo la obra.
  • Análisis de entendidos en la materia o revisiones detalladas de expertos muy familiarizados con la obra del artista.

En ocasiones, incluso cuando se combinan los tres factores, la autenticidad puede no quedar clara. Una estatua de la antigua Grecia adquirida por el Museo Getty en 1984 sigue siendo controvertida dado que algunos expertos que la han estudiado consideran que se trata de una falsificación. Las pruebas científicas iniciales sugerían que la estatua, conocida como un kuros, era una antigüedad, pero los entendidos concluyeron que sencillamente no tenía el aspecto de otros kuroi del mismo periodo.

En 2011 se produjo una historia sobre procedencia y autenticidad con moraleja: varios coleccionistas demandaron a una galería de arte neoyorkina de dilatada trayectoria, la Knoedler Gallery, acusándola de vender falsificaciones del impresionismo abstracto. Un antiguo director de la ya desaparecida galería adquirió 40 pinturas de un pequeño marchante que defendía que estas pertenecían a un cliente que las heredó de su padre. Las pinturas eran obras previamente desconocidas y no estaban documentadas. Poco después se descubrió que las pinturas eran falsificaciones creadas por un artista chino residente en Nueva York que huyó del país, como también hicieron dos de los conspiradores del marchante. La lección aprendida de la historia Knoedler es que es posible engañar incluso a expertos y que ignorar las alertas sobre la procedencia de una obra puede convertirse un error muy costoso.

En una demanda, el propietario había sustituido un elemento de una obra contemporánea sin la aprobación ni el conocimiento del artista. Los artistas vivos pueden renunciar a la autoría de sus obras en situaciones como esta y, en este caso, es precisamente lo que sucedió. La restauración sin consultar al artista y la consiguiente revocación de la autenticidad de la obra puede llevar a litigios y resoluciones complicadas de la demanda subyacente. Es otro motivo por el que se recomienda buscar coberturas especializadas en artes plásticas, ya que se proporciona acceso a recursos de expertos para mantener y proteger el valor de la obra.

AXA Art tiene una amplia experiencia en coberturas de obras de arte y dispone de un equipo internacional con profundos conocimientos en seguros y siniestros en este campo. Trabajamos con numerosas y variadas organizaciones de la comunidad artística y conocemos bien los riesgos relacionados con la comercialización del arte. Hable con nosotros para mejorar la gestión de riesgos y proteger su colección o su negocio artístico.

Natasha Fekula es Vice President y Claims Manager en las áreas de arte, joyería y moneda de AXA XL. Ayuda a los clientes de especialidad de AXA XL, incluidos museos, coleccionistas privados y corporativos, joyerías, organizaciones de minería o de transporte de fondos, a afrontar las pérdidas materiales y los daños ocasionados a propiedades de alto valor. Natasha cuenta con una dilatada experiencia en siniestros y asuntos legales relacionados con el arte y las piezas de colección. Se licenció y obtuvo un Máster en Historia Medieval en la Universidad de St. Andrews de Escocia. Además, se doctoró en Jurisprudencia por la Universidad de Boston. Es miembro del Colegio de Abogados de Nueva York.

  • Sobre el Autor
  • Vice President and Claims Manager, Fine Art, Jewelry and Specie, AXA XL
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