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Las empresas resilientes se adaptan a las circunstancias y afrontan la adversidad. En este artículo, Carrie Huang, Underwriting Manager del equipo de gestión de crisis de AXA XL para Asia, explica por qué la resiliencia es el imperativo fundamental para las empresas hoy en día, y describe cómo estas pueden ser más conscientes, estar mejor preparadas y listas para responder.

La gente es resiliente por naturaleza. Es decir, tenemos la «capacidad de recuperarnos o adaptarnos fácilmente a la mala suerte o al cambio» (así es como se define la resiliencia en el diccionario). Estamos programados para no tolerar las amenazas físicas y tratamos deliberadamente de disminuirlas, cuando no de eliminarlas.

De hecho, la historia de la humanidad ha asistido en su mayoría al progreso a favor de un mundo más seguro y próspero, pacífico y equitativo. Las guerras entre los Estados nación, por ejemplo, que una vez fueron habituales, ahora son poco frecuentes. Un dato más: El porcentaje de población mundial con acceso a «mejores fuentes de agua» aumentó del 76 %, en 1990, al 91 %, en 2015. Y otro dato a tener en cuenta: En 1970, la tasa de mortalidad anual por desastres naturales en los países de bajos ingresos fue de 0,7 por cada 100 000 personas; hoy en día, esa cifra se ha reducido a 0,2.

Estas y otras estadísticas similares indican que, si adoptamos una perspectiva más amplia, lo cual, ciertamente, no siempre es fácil, muchas personas hoy en día viven más años, más felices y más sanas; nuestra resistencia innata sigue dando sus frutos.

Las cosas se ponen peor

No obstante —efectivamente, la observación anterior viene naturalmente acompañada de una réplica—, mientras la economía global está cada vez más interconectada, la población sigue aumentando y el planeta no cesa en su calentamiento global, la presión sobre las personas, la sociedad civil y los ecosistemas naturales aumenta rápidamente.

Obviamente, la pandemia de COVID-19 ha causado enormes tensiones en casi todas partes. Pero no olvidemos la ola de inestabilidad civil que surgió en países de todo el mundo en los meses previos a la emergencia de COVID-19. Aunque puedan estar temporalmente en pausa debido a la pandemia, las tensiones subyacentes permanecen, y ya estamos asistiendo a un resurgimiento de los disturbios civiles en algunos lugares. (Mi compañero Bonnie Chow escribió sobre esto hace no mucho. Su artículo se puede ver aquí).

Por otro lado, está el hecho de que, según las Naciones Unidas, «El mundo es testigo de los niveles más altos de desplazamiento registrados. A finales de 2018, 70,8 millones de personas de todo el mundo se vieron obligadas a abandonar sus hogares por conflictos y persecuciones». También sabemos que gran parte de estos desplazamientos estuvieron causados, al menos en parte, por sequías persistentes a largo plazo en algunas regiones. Tengamos en cuenta que durante los últimos 140 años, los cinco años más calurosos registrados han tenido lugar desde 2015. O un dato aún más claro: La temperatura en una ciudad del noreste de Siberia ha alcanzado recientemente los 38 ºC (100 ºF); se trata de la lectura más alta jamás registrada en el Círculo Polar Ártico.

Sin ser excesivamente pesimista, ¿es posible que el avance de la humanidad hacia un futuro mejor ya no esté garantizado?

¿Ya no es solo una palabra de moda?

El hecho de que el mundo se enfrente a un amplio abanico de riesgos, peligros y amenazas no es algo precisamente nuevo para los profesionales de los seguros y la gestión de riesgos; este es el mundo en el que vivimos. Y el amplio concepto de la resiliencia tampoco es ninguna novedad en nuestra comunidad. Ya se han publicado numerosos artículos e informes técnicos y ha habido foros de discusión centrados en los diferentes aspectos de este problema.

Sin embargo, y aquí viene otra réplica, si bien las empresas disponen actualmente de acceso a excelentes marcos y herramientas para desarrollar su resiliencia, y pueden contar con numerosos especialistas con amplios conocimientos y experiencia, los resultados sobre el terreno son dispares. Empresas de todos los rincones del mundo sufren delitos de forma rutinaria, cuando no se ven completamente arruinadas debido a su incapacidad de anticiparse y responder a eventos predecibles.

En cierto modo, es algo comprensible. Movilizar los recursos e integrar las capacidades, sistemas y procesos que reforzarán la resiliencia de una organización, requiere compromiso y persistencia; no es un ejercicio de marcar casillas que tiene resultados explícitos y definitivos. Y seamos realistas: Dados los desafíos interminables con los que las empresas deben lidiar en el entorno empresarial actual, intensamente competitivo y en rápida evolución, ¿quién tiene tiempo para desarrollar planes de contingencia completos para todas las posibles exigencias, sin importar lo predecibles que éstas sean? ¿O para considerar la eventualidad de ataques terroristas, cuyo riesgo es real, aunque la probabilidad de ser víctima de uno de ellos es bastante baja?

En el pasado, estaba claro por qué algunas empresas, aunque no todas, no daban prioridad a las diversas iniciativas destinadas a aumentar la resiliencia. Pero en los próximos meses, a medida que la pandemia de COVID-19 se reduzca en algunos lugares y se extienda en otros, espero que muchas empresas revisen las suposiciones previas sobre cómo, y en qué medida, necesitan invertir en acciones que les ayuden a comprender mejor, planificar y responder a diversos riesgos, peligros y amenazas.

Esto se debe a que, además de causar interrupciones masivas en prácticamente todos los sectores industriales, es probable que la pandemia altere significativamente el panorama competitivo en sectores concretos. Aunque las consecuencias para empresas del mismo sector tenderán a ser relativamente similares — ya se trate de una caída de la demanda, de la necesidad de replantearse las cadenas de suministro globales y/o el coste económico relacionado con trabajadores cesados temporalmente—, a algunas empresas les irá mejor que a otras a la hora de adaptarse a unas condiciones cambiantes.

Realidades difíciles

Así las cosas, ¿qué hacemos ahora? Como he sugerido anteriormente, cuando se trata de crear una mayor resiliencia, las limitaciones no son necesariamente la experiencia y las herramientas. Los desafíos suelen referirse al compromiso y al seguimiento de la organización. Sin embargo, a medida que la pandemia sigue avanzando y el mundo sigue siendo inestable, las empresas que son rentables y competitivas también serán muy resilientes.

Para terminar, me gustaría destacar brevemente cómo el equipo de Gestión de Crisis y Riesgos Especiales de AXA XL, junto con sus socios, ayuda a las empresas a prepararse para una serie de eventualidades, a responder ante ellas y recuperarse. Un elemento central de nuestra oferta incluye marcos y metodologías probados que abarcan:

  • que incluye, por ejemplo, cambios globales o regionales, supervisión de incidentes y previsiones que pongan de relieve los posibles puntos de presión,
  • Resiliencia organizativa que incluye, por ejemplo, el impacto empresarial y los análisis de la cadena de suministro, la continuidad del negocio y el apoyo a la transición, así como la planificación de la gestión de crisis,
  • Seguridad y respuesta que comprende, por ejemplo, planes de evacuación, preparación ante ciberataques y planes de regreso al trabajo.

Los diferentes elementos de este proceso general (análisis, planificación, supervisión y respuesta rápida y eficaz) requieren una experiencia en diversos campos que van desde la evaluación de amenazas, la aplicación de la ley y la ciberseguridad hasta las comunicaciones de crisis, las ciencias medioambientales y, por supuesto, la salud y la seguridad públicas. Los expertos internos de AXA XL, en estos y otros temas relacionados, cuentan con el respaldo de socios clave como S-RM y Klareco Communications. S-RM es líder en los métodos de gestión de crisis más avanzados, gracias a expertos procedentes de agencias de inteligencia, fuerzas armadas y unidades de negociación en casos de toma de rehenes. Klareco es una empresa de comunicación empresarial y relaciones públicas con sede en Singapur especializada en ayudar a las empresas a defender, gestionar y recuperar su reputación.

Al principio de este artículo, afirmaba que los seres humanos son resilientes por naturaleza. Sin embargo, me dejé algo en el tintero: Cuándo la desarrollan. Y es que, la resiliencia no se consigue espontáneamente. El curso generalmente progresivo de la humanidad proviene en gran medida del hecho de que la evolución favorece naturalmente a aquellos que mejoran su resiliencia. En mi opinión, se puede decir lo mismo acerca de las empresas. Si las empresas se esfuerzan también pueden ser notablemente resilientes. El equipo de Gestión de Crisis y Riesgos Especiales de AXA XL está listo para ayudar a las empresas a ser más conscientes, estar mejor preparadas y listas para responder y, por lo tanto, a navegar con éxito en un mundo cada vez más impredecible.

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  • Underwriting Manager, Crisis Management, Asia
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