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La economía global ha crecido rápidamente en los últimos veinte años, estimulada, entre otros factores, por la reducción de las barreras comerciales (los cambios recientes con las sanciones comerciales han lastrado el crecimiento económico), la apertura de la economía china y el considerable y rápido abaratamiento de los costes del transporte.

Las últimas dos crisis globales, la tecnológica y la financiera, tuvieron diferentes salidas; Mientras que tras la burbuja tecnológica el crecimiento fue sostenido, la segunda crisis global ha dejado el mundo con un crecimiento económico modesto y con los actores, ya sean gubernamentales o privados, con una deuda significativamente aumentada.

Como consecuencia de este y otros cambios, la economía global es hoy en día considerablemente mayor de lo que era hace tan solo unas décadas, y está cada vez más dominada por densas redes de empresas interconectadas e interdependientes que operan en todo el mundo.


Excitante y precaria

En su conjunto, estos vínculos más estrechos son un cambio positivo; en términos generales, la globalización ha tenido un efecto más constructivo que negativo. Desde un punto de vista comercial, ha generado una ola de inversiones y ha impulsado un desarrollo económico progresivo.

Uno de los retos, sin duda, es que acontecimientos en lugares antes considerados remotos ahora rebotan y tienen eco con mayor rapidez y con mayores consecuencias que nunca.

No se trata de nada nuevo para los españoles, que seguimos recuperándonos de la crisis económica de 2008.

A resultas de la crisis financiera de 2008, las autoridades reguladoras de muchos países, entre ellos España, impusieron requisitos cada vez más estrictos a la banca comercial. Y los bancos y otros inversores —incluidos los fondos de pensiones, las corporaciones multinacionales, los aseguradores y las agencias de crédito a la exportación— también han adoptado mayores controles internos y políticas de gestión del riesgo financiero más firmes.


Más oportunidades y controles más estrictos

Aunque el recurso a los seguros para mitigar el riesgo de crédito no es ninguna novedad, hay tres grandes tendencias que han hecho que el seguro de impago cobre cada vez más importancia: una economía pujante en el ámbito nacional e internacional; un conjunto cada vez mayor de oportunidades de inversión en otras regiones del mundo; las políticas de gestión del riesgo financiero más estrictas a las que deben someterse ahora los bancos y otros inversores.

La economía española creció más del tres por ciento en cada uno de los años del trienio del 2015 al 2017, con un pequeño descenso al 2.5% en 2018. Según la OCDE, «se contempla que la economía española crezca a un ritmo sostenido, aunque moderado, en 2019 y 2020». La OCDE prevé que el PIB de España crezca un 2,6 % este año, antes de virar ligeramente a la baja hasta el 2,2 % en 2020.

Las perspectivas de la economía global no son similares. El último informe de evaluación de la economía global elaborado por el Banco Mundial, de mayo de 2019, sostiene que «el crecimiento económico global se redujo acusadamente y se mantendrá flojo […] sólo podrá alcanzar el 3.2 % en 2019 antes de tener una modesta alza al 3.4% en 2020».

A pesar de los vientos de proa y los desafíos que se plantean en algunos países, los exportadores, las constructoras y las instituciones financieras españoles están en buena situación para aprovechar esas condiciones económicas favorables, especialmente en América Latina, con la que mantienen desde hace tiempo sólidos vínculos muchas empresas españolas.

Las heridas de la crisis financiera global de 2008, no obstante, aún no han cicatrizado, el crecimiento económico se ha estancado en ratios relativamente mediocres desde entonces, hasta el 2017, cuando el crecimiento económico global despuntó. Los inversores que buscan sacar partido a estos cambios recientes se muestran comprensiblemente más cautos que antes, algunos incluso dirían refrenados.


Un respiro para el capital

Las soluciones de seguro para mitigar el riesgo de crédito existen desde hace décadas. Así, por ejemplo, los mayoristas contratan habitualmente pólizas que cubren las cuentas por cobrar, con el fin de protegerse en caso de impago de un minorista.

Sin embargo, el uso de un seguro de impago para ampliar el nivel reglamentario de capitalización de las entidades de crédito atrae actualmente mayor interés, a la luz de las tendencias más arriba enumeradas: el crecimiento económico, la creciente apetencia por invertir en proyectos fuera de España, y unas políticas de gestión del riesgo financiero más estrictas diseñadas para limitar las concentraciones de carteras y fomentar una mayor dispersión de los riesgos.

Pongamos que, por ejemplo, se solicita a un banco español que financie un proyecto hotelero en Jamaica. El promotor tiene un sólido historial y el estudio de negocio del proyecto también está bien fundamentado. El problema es que el banco no tiene mucha experiencia previa en Jamaica y el importe del préstamo supera los límites internos de riesgo país del banco. Por ambos motivos, el consejo de administración del banco se muestra reacio a conceder el crédito. 


Aquí es donde intervenimos nosotros.

A unque ofrecemos un abanico de soluciones para mitigar los riesgos político y financiero, una parte cada vez mayor de nuestra oferta incluye seguros de impago para entidades de crédito.

En la anterior situación, podemos ampliar de manera efectiva la capacidad crediticia del banco mediante un seguro de impago que cubre la proporción de la financiación que supera sus límites internos. Con estas coberturas, el riesgo de crédito total del banco se reduce lo suficiente como para cumplir con sus controles internos, así como con otros requisitos legales aplicables.

Y llegado el caso, también podemos mitigar cualquier otro posible motivo de preocupación relacionado con un proyecto en un país «poco conocido», incluidas las pólizas de riesgo político (de inversión), que cubren la expropiación o nacionalización, así como los daños materiales y la correspondiente pérdida de beneficio a causa de conflictos civiles.

Les dejamos con un par de reflexiones finales:

Primera, estas pólizas de impago pueden configurarse igualmente de manera que cubran aquellos casos en los que una entidad de crédito se vea afectada por las medidas del gobierno para apoyar el valor de su moneda. En tales situaciones, el riesgo no es tanto que el prestatario no pueda devolver el préstamo, sino más bien que el prestador tenga que soportar pérdidas al convertir los fondos de nuevo en euros. Dada la tendencia progresiva hacia un mayor proteccionismo en algunos países, mitigar las posibles consecuencias de las devaluaciones de divisas podría resultar aún más vital.

Segunda, la cobertura de impago se puede diferenciar según la causa: (i) por cualquier causa (cobertura completa), o (ii) debido a eventos de riesgo político o riesgo país (expropiación del deudor, inconvertibilidad o falta de transferencia). Según nuestra experiencia, ésta segunda opción es la elegida por aquellas entidades financieras que buscan minimizar el coste en la cuenta de resultados de las provisiones de riesgo país; Mientras que la primera alternativa es la más utilizada por financiadores que quieren mitigar el riesgo de crédito, gestionar de forma efectiva el balance para maximizar su actividad de financiación (por no hablar en el ahorro de capital, ya mencionado en este artículo)


Santiago Herrero es Head of Political Risk, Credit & Bonds del equipo de AXA XL. Trabaja en Madrid y su dirección de correo electrónico es santiago.herrero@axaxl.com.

Publicado primero en el Boletín Diaro de Seguros.

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