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El confinamiento sin precedentes impuesto por los gobiernos de todo el mundo para intentar combatir la propagación del virus COVID-19 ha afectado tanto a las sociedades como a las empresas de muchas maneras. Las personas y los negocios de todo el mundo han encontrado nuevas formas de trabajar para adaptarse a la necesidad de mantener el distanciamiento social y restringir el movimiento de las personas.

Para muchos sectores, esto ha supuesto un repunte en su uso de tecnologías autónomas para realizar ciertas funciones con el fin de reducir la necesidad de contacto físico entre los seres humanos.

Desde aparatos médicos de uso urgente hasta pizzas, se han utilizado vehículos autónomos para llevar suministros a aquellos que los necesitan, sin necesidad de contacto humano. Por ejemplo, en China, donde el COVID-19 tuvo un fuerte impacto a principios de este año, muchos proveedores han acelerado el proceso de adopción de vehículos de reparto sin conductor.

El paso a la automatización cambia el concepto de responsabilidad, que pasa de ser una responsabilidad personal a la responsabilidad por fallo de sistemas, tecnologías o componentes.

También se ha utilizado tecnología autónoma para ayudar a que las cadenas de suministro sigan funcionando, así como para realizar comprobaciones de seguridad y evaluaciones de riesgos.

Muchas empresas ya habían incorporado la tecnología autónoma en sus métodos de trabajo antes de que surgiese la pandemia. Pero las restricciones de distanciamiento social que exige la pandemia por COVID-19 han llevado a muchos a seguir explorando las formas en las que la autonomía puede ayudarles a operar. Las personas también se sienten más cómodas con la idea de la automatización, ya que han podido experimentar su uso durante este tiempo.

El Foro Económico Mundial (FEM) ha publicado recientemente un informe, «The Future of the Last Mile Ecosystem» (El futuro de los ecosistemas de distribución final), que predice que la demanda de distribución generada por el comercio electrónico dará lugar al uso de un 36 % más de vehículos de reparto sin conductor en entornos urbanos interiores de todo el mundo para el año 2030.

El FEM señala que este repunte está siendo impulsado de forma importante por un aumento de la demanda de entregas sin contacto como resultado de la pandemia por COVID-19.

El mayor uso de la automatización es una tendencia que probablemente se mantendrá una vez que las restricciones de confinamiento desaparezcan y la vida vuelva a la «normalidad».

En este contexto, la gestión y la transferencia de riesgos han evolucionado al mismo tiempo que la tecnología autónoma.

En AXA XL llevamos tiempo trabajando con tecnologías autónomas, lo que nos permite comprender los riesgos y oportunidades que conllevan. Nuestra participación en varios proyectos, especialmente nuestro trabajo con la iniciativa DRIVEN, respaldada por el gobierno del Reino Unido, nos ha proporcionado información valiosa sobre las diferentes formas en que se pueden asegurar las tecnologías y los vehículos autónomos.

Fuimos el miembro asegurador del consorcio DRIVEN que desplegó una flota de vehículos autónomos con un Nivel 4 de autonomía que circulaban entre Oxford y Londres. Se trataba del proyecto de autonomía más ambicioso llevado a cabo hasta ese momento.

También hemos trabajado durante cuatro años con Oxbotica, una empresa tecnológica centrada en la robótica móvil y los sistemas autónomos, lo que nos ha permitido obtener información detallada sobre cómo funciona esta tecnología y los riesgos que los clientes que la utilizan tendrán que comprender, gestionar, mitigar y transferir.

El cambio a la autonomía modifica el perfil de riesgo de una empresa y es probable que esto quede reflejado en su registro de riesgos.

El paso a la automatización cambia el concepto de responsabilidad, que pasa de ser una responsabilidad personal a la responsabilidad por fallo de sistemas, tecnologías o componentes.

En muchos casos, las coberturas tradicionales por siniestros no engloban todas las preocupaciones de los gestores de riesgos cuyas operaciones incluyen la implementación (o el desarrollo) de tecnologías autónomas.

Cuanto mayor sea el desarrollo alcanzado en esta área, más datos podremos aprovechar para comprender mejor los riesgos y oportunidades que ofrece la autonomía. Nuestro trabajo en este área demostró que era necesaria una solución a medida para estos riesgos nuevos y cambiantes, lo que llevó al desarrollo de nuestras condiciones personalizables para las empresas que utilizan (o desarrollan) tecnologías autónomas.

La autonomía es un área de oportunidad apasionante para las empresas y sociedades a medida que empezamos a salir de la crisis por el COVID-19, y también para el futuro. La tecnología autónoma desempeñará un papel importante en todos los aspectos de nuestras vidas durante los próximos años, y estamos dispuestos a desempeñar nuestro papel en el desarrollo de la mitigación y transferencia de riesgos para que esto suceda.

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