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Muchos países asiáticos tienen condiciones ideales para generar electricidad a partir de turbinas eólicas marinas. Sin embargo, antes de que la región pueda confiar en esta fuente ilimitada de energía renovable, deberán superarse algunos obstáculos. MeiYean Lim, Senior Underwriter, Political Risk, Credit & Bond de AXA XL, tiene todos los detalles.

La energía eólica marina presenta un gran potencial. Tanto que los analistas calculan que podría generar 18 veces más de demanda de electricidad global actual.

Sin embargo, aunque los recursos eólicos están ahí, aprovecharlos de forma eficiente y segura es una gestión titánica. Los proyectos eólicos en alta mar requieren inversiones iniciales masivas, y existen numerosos desafíos y riesgos relacionados con la construcción y la explotación de estas instalaciones en entornos marinos. Además, la red eléctrica debe ser capaz de distribuir la energía producida.

No obstante, se prevé que la cantidad de energía generada por el viento marino aumente tres veces en 2025. Aunque se espera que los mercados establecidos experimenten un crecimiento continuado de la capacidad de generación, los analistas predicen que muchos países de la región Asia-Pacífico tienen el potencial de convertirse en productores líderes de energía eólica en alta mar.

De la producción de energía a las bajas emisiones de carbono

La mayoría de los países asiáticos han confiado en la energía nuclear y los combustibles fósiles para impulsar sus economías de rápido crecimiento. Tras el accidente de Fukushima Daiichi, y también debido a la cada vez más urgente necesidad de transición a la producción de energía con bajas emisiones de carbono, muchos países de Asia aspiran ahora a un aumento drástico del porcentaje de su electricidad producida a partir de fuentes renovables, incluido el viento marino.

En los últimos años, China se ha embarcado en un ambicioso esfuerzo por satisfacer una mayor cantidad de sus necesidades energéticas a partir de la energía eólica. En la actualidad, es el líder mundial en energía eólica, con más de una tercera parte de la capacidad total instalada en el mundo. Le sigue EE. UU., Alemania y la India, que en conjunto generan casi la misma cantidad de electricidad con turbinas eólicas que China. El tercio restante se produce en varios países, incluidos varios de la Unión Europea.

En mercados desarrollados como Japón y Corea del Sur, el volumen de energía eólica instalada actualmente es bastante pequeño, a pesar de tener regiones con vientos fuertes y constantes y contar con una considerable experiencia en la producción. Y en mercados emergentes como Vietnam, Filipinas, Indonesia y Malasia, las operaciones eólicas comerciales siguen estando en fase de planificación.

Sin embargo, por así decirlo, se aproximan vientos de cambio. Países de toda la región están empezando a dotarse de las políticas, la infraestructura y la especialización necesarias para construir y explotar parques eólicos en prometedores escenarios marinos. Vietnam, por ejemplo, podría tener alrededor de 10-12 gigavatios (GW) de energía eólica marina conectados antes de 2030, aproximadamente un tercio de la potencia instalada actualmente.

¿Por qué el énfasis en alta mar? En resumen, las turbinas ubicadas en alta mar suelen generar más electricidad y a un ritmo más estable que sus equivalentes en tierra. En muchas partes del mundo, estos factores tienden a compensar los mayores costes de construcción y explotación, así como los riesgos de la energía eólica marina.

Se abren las puertas a un nuevo sector industrial

Todos estos países se enfrentan al difícil desafío de crear un sector industrial básicamente nuevo, lo cual no es una tarea sencilla que se logre de la noche a la mañana. Ante todo, deben promoverse políticas gubernamentales que regulen la ubicación y la concesión de licencias para las operaciones eólicas en alta mar. Y dadas las actuales condiciones del mercado, incluida la ausencia de impuestos al carbono, la creación de una industria eólica marina viable requiere cierto apoyo inicial en cuanto a los precios.

Dicho apoyo suele adoptar la forma de tarifas reguladas, con las que los gobiernos incentivan las inversiones privadas en energías renovables ofreciendo contratos a largo plazo a los productores basados en los costes de producción; además de una rentabilidad razonable para su inversión. Asimismo, los niveles de precios contemplados en estos contratos se ajustan normalmente con el fin de reflejar los costes generales del desarrollo de diferentes tecnologías. Por ejemplo, los proyectos fotovoltaicos y eólicos en alta mar pueden obtener un precio por kWh más alto en comparación con una instalación de energía mareomotriz, en función de los costes de capital actuales para la construcción y explotación de las operaciones respectivas, así como de su futura capacidad de generación prevista.

Además, las tarifas reguladas suelen «escalonarse», lo que significa que se fijan a un nivel alto al principio para ayudar a un país a introducir nuevas tecnologías, como la energía eólica marina, y luego se reducen gradualmente con el tiempo; esto puede marcar una diferencia crítica. Aunque la materia prima (ya sea el viento, los rayos del sol o el calor de la Tierra) es «gratuita», aumentar la producción de energía renovable inicialmente es relativamente costoso, mientras que las cadenas de suministro, la infraestructura, la financiación de proyectos y la especialización local aún no están a punto. Sin embargo, una vez establecidos estos elementos, la escala y la eficiencia comienzan a aumentar y los costes iniciales y los gastos de explotación corrientes comienzan a descender.

Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que la tarifa regulada actualmente vigente en Vietnam es de 0,098 USD por kilovatio-hora (kWh). Sin embargo, dicha tarifa es menor que en otros países asiáticos; China, en comparación, tiene un límite superior de aproximadamente 0,12 USD por kWh. Por otra parte, se especula que a medida que la industria eólica en alta mar se vaya asentando más en otros países de Asia, Vietnam tendrá que revisar sus tarifas reguladas si quiere seguir siendo competitiva en un mercado en crecimiento.

Atraer a inversores internacionales

Aunque los financiadores tienen muchos criterios para evaluar proyectos potenciales, al final sus estimaciones se centran en tres factores:

  • los costes previstos, tanto de construcción como operativos,
  • los ingresos previstos durante la vida útil de la operación,
  • los términos y la condiciones del acuerdo de compra de electricidad entre el prestamista y la entidad que acepta comprar la energía producida por las turbinas eólicas. El acuerdo de compra de electricidad desempeña un papel vital a la hora de mitigar los diversos riesgos asociados con la capacidad del comprador para cumplir con sus compromisos.

Sin embargo, una vez que un proyecto se pone en marcha, la realidad del terreno puede desplegarse de infinidad de maneras distintas al plan de negocio. La construcción, por ejemplo, puede llevar más tiempo del esperado y/o resultar más costosa. En cualquier caso, e incluso con el plan de tarifas del gobierno, el flujo de ingresos previsto podría comenzar más tarde de lo esperado o podría no ser suficiente para cubrir los costes de construcción reales de forma rentable. Además, las exposiciones a catástrofes naturales en muchas zonas de la región no son triviales; siempre existe la posibilidad de que los tifones o fenómenos sísmicos puedan dañar gravemente las instalaciones e incluso destruirlas.

Por otro lado, la financiación de las instalaciones eólicas marinas suele prolongarse 20 años, y los proyectos individuales son propiedad de entidades con un cometido especial (ECE) que tienen pocos activos, si es que los tienen. Por lo tanto, los prestamistas deben estar cómodos participando en empresas con horizontes de riesgo a largo plazo y garantías limitadas.

Teniendo en cuenta estos factores —un sector industrial sin probar, la exposición a desastres naturales y la propiedad en manos de entidades con un cometido especial—, no es ninguna sorpresa que el seguro de crédito sea un requisito previo de los inversores internacionales. Además de ayudar a mitigar posibles impagos de préstamos, el seguro de crédito permite a los prestamistas:

  • gestionar los riesgos dentro del país;
  • lograr una mejor tasa de rendimiento; y
  • establecer una ventaja competitiva al apoyar límites de préstamo más altos.

Además, la disponibilidad de seguros de crédito en mercados de reaseguros/seguros establecidos como AXA XL —que cuenta con una sólida experiencia en la financiación de proyectos, turbinas eólicas marinas y la exposición a catástrofes naturales en la región— es un factor decisivo para los principales inversores en energías renovables que desean ampliar sus carteras a nuevos territorios.

Sin perjuicio de los graves desafíos a los que se enfrenta la economía global en la actualidad, los vientos seguirán soplando y, con una planificación y mitigación de riesgos adecuadas, cada vez más y más energía se transformará en electricidad procedente de las pujantes turbinas eólicas marinas.

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  • Senior Underwriter, Political Risk, Credit & Bond
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